martes, 18 de mayo de 2010

viernes, 7 de mayo de 2010

Camino cargado de lastres,
de alergias y de estornudos,
no hay jardines para mí
esta primavera.

Libre.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Texto escrito para Victoria Rodríguez Cruz


Instantes

Estos son los poemas nunca escritos,
momentos que no han llegado a suceder.
Una bolsa que se eleva al cielo,
por el viento o por inercia,
sin miedo a un frívolo guión,
sin plateamientos ni nudos
que amarren el suave levitar
en el que quiero conservar mis vivencias.
No pretendo detener el tiempo
ni huir de las voces que construyen mis recuerdos.
Busco incansable aquel instante
que irreversiblemente el
tiempo ha deteriorado,
Egoísta aquel que quiso arrebatarme a mis seres queridos,
borrándoles la voz y el rostro.
El tiempo ha difuminado mi patrimonio emocional,
rasgando tal vez, mis íntimas vivencias cual muñeco roto y desvaído.
En un intento de refrescar mi imaginario he decidido
congelar literalmente todo lo que nunca podré perder: lo humano , los míos.
--
Pablo Rodríguez

miércoles, 21 de abril de 2010

viernes, 16 de abril de 2010

miente,
calla,
sufre.

lunes, 5 de abril de 2010

Quiero ternura, amar en este mundo. Que no es el mío.











Desvarío cuando pienso en tí,
me anula intuir
un futuro difuso a tu lado.
Mis sábanas están sucias,
por ti, por mi
y por todos los que no pensaron nunca en nosotros.

domingo, 14 de marzo de 2010

Cada despedida,
llena de pequeñas canciones mi regreso.

domingo, 7 de marzo de 2010

En un tiempo no podré dorimr boca arriba con las manos cruzadas sobr el pecho.

Te recuerdo así y con la carta que te escribí.

viernes, 5 de marzo de 2010

Navegar es preciso,
para llegar a otra orilla
Mis fracasos son las anécdotas de tu día a día.
Yo necesito sufrir la intensidad,
sentir que la vida me juega malas pasadas
y que todo está en contra mia.

Josefa

Me pregunté cuantas horas habías pasado sola
cómo te levantabas todos los días sabiendo que ya murió a quien tú amabas.

Como quema la angustia en el estómago
y el martirio de la deliria golpea en tu cabeza.


Dime cómo, aún así moriste plácida y sonriendo.

Dímelo.
Mi subsconciente se revela contra mí.
Mis tiernas pieles no quieren ser curtidas
por artesanos malheridos.

Y ahora que.
Eres para mí, un parto sin dolor.

Un postoperatorio sin bombones.

Una llama a medio gas,
que ni desinfecta ni quema,
ni calienta las hierbas,
que nunca nos tomamos a medianoche.

Tengo miedos,
tantos miedos.
Hoy llorábamos los dos,
abrazados en las colinas de Gibralfaro
todo, era distinto.

El cielo rompió, como lápiz cuando
rabioso el niño contra el pupitre se aferra.

Nada ni nadie rompía su lápiz con tanta rabia
como nosotros lo hicimos, aquella noche.

Aferrados a la vida como si esta
acaso algún problema existencial nos causase...